Efecto placebo

28.6.10 por , comentarios: 2

El otro día recorría las estanterías mohosas de una librería -no literalmente, no es que me hubiese miniaturizado como en aquel peliculón o transformado en una cucaracha como en aquella serie mítica donde el protagonista se podía transformar en animales y no recuerdo para qué lo hacía exactamente, pero igual el 40% del metraje consistía en esas transformaciones a cámara lenta; diría que el actor era Cristopher Lambert, o el de Aterriza Como Puedas, aunque igual me confundo con aquella otra serie donde el prota venía de otro planeta y llevaba unas esferas azules que brillaban pero no parecían hacer gran cosa más, y un coche que recordaba a las motos de Tron, por no decir que el diseño era un plagio directo de aquellas, y de hecho creo que podría escribir más cosas dentro de este inciso que en el resto de la entrada: por ejemplo, podría comentar mi teoría de que a Mickey Rourke le secuestraron una hija y le enviaban mensajes amenazando con desfigurarla si no se desfiguraba él y por eso se empezó a hacer cirugías hasta que quedó como ha quedado, que se parece sospechosamente a Kim Basinger, lo que también despierta mis sospechas pero voy a ir concluyendo porque al final se me olvidarán las mierdas que iba a contar- y encontré un ejemplar de "Relatos de diez mundos", de Arthur C. Clarke, de 1975 por 3 €, que a 30 céntimos por mundo pues ya sale barato, así que me lo metí en un bolsillo y salí corriendo, pero apareció un centinela que hizo un disparo láser de aviso y al final tuve que pagarlo, pero está bien porque así me evito hacer ejercicio.

El caso es que el primer relato venía a contar que los Rusos tenían planeado lanzar un satélite con el único propósito de interferir las señales de televisión estadounidenses y emitir sus propios contenidos, apelando al miedo que provocaba el supuesto poder de la propaganda por aquellos años -comentario pedante patrocinado por Paul Lazarsfeld-, y que básicamente consistía en enganchar a la población con contenido pornográfico, libre de censura, y de paso colarles, no sé, el epiquísimo Himno de la Unión Soviética. Al final el protagonista, al que un ruseras le contaba toda esta movida sin venir demasiado a cuento, consideraba perfectamente viable el plan y pensaba que era el fin del mundo y se alejaba cabizbajo por la gris ciudad, como deben acabar todos los verdaderos relatos de ciencia ficción.

A estas alturas tú ya hacía rato que habías lanzado a la basura tu monumento casero en honor a Clarke y negabas con la cabeza murmurando algo como "la madre que te parió, Arthur" o "con porno, claro que sí... cómprate unas revistas, hombre". ¡Pero cuidado! ¿Era Clarke tan imbécil como insinúa su relato? ¿O lo somos nosotros? Vosotros sí, por descontado; pero yo he visto aquí algo de sabiduría apocalíptica, y me voy a atrever a ampliar y mejorar el relato con una alternativa realmente viable para acabar con la población de un país mediante el uso, también, de un satélite televisivo. ¿Cómo? Pues recurriendo al efecto placebo.

Fase 1

La idea es la misma, pero en lugar de colar propaganda comunista emites informativos donde se asegura que una rara enfermedad no identificada está haciendo estallar la cabeza de la gente, mostrando vídeos donde ocurre -montando ya el tinglado antes, implantando explosivos en el cráneo de los voluntarios o algo, siendo creativo-.

Fase 2

Más tarde emites un reportaje sobre la investigación que se ha estado llevando a cabo, y que se ha descubierto que se trata de un arma psicocuántica que provoca la explosión cerebral tras el estornudo.

Fase 3

Envías al país un Paciente 0 con un detonador craneal que se activará con un estornudo y esperas.

Fase 4

Eventualmente el Paciente 0 estornudará, le estallará la cabeza y parte de la población lo verá de cerca. Esto significará que la infección ha llegado al país en cuestión, y el efecto placebo será tan poderoso tras meses de informativos al respecto que, de forma natural, a la gente empezará a estallarle la cabeza al estornudar.

Fase 5

Enviar patrullas especializadas en limpieza de cerebro cocido en asfalto para tu nuevo país, dejándolo listo para instalarse, obra nueva y completamente amueblado.


Como veis, en 5 cómodas fases hemos acabado con la población deseada y no hemos causado ningún tipo de destrucción física en las infraestructuras, reduciendo drásticamente la superpoblación del planeta, por lo que mi solución demuestra ser más ventajosa que la propuesta por Clarke, y mucho más divertida.

Joe Perkins, uno de los mejores hombres del ejército soviético, fue encarcelado por un delito que sí había cometido. No tardó en fugarse de la mazmorra en la que se encontraba recluido. Hoy, buscado todavía por sus acreedores, sobrevive como diseñador de baratas y novedosas armas de destrucción masiva. Si tiene usted algún problema con un gran número de seres humanos y desea que mueran de una forma creativa, quizá pueda contratarlo.



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La receta para el triunfo Gizmódico

21.6.10 por , comentarios: 2

Muchos -y cuando digo muchos quiero decir que nadie- me habéis parado por la calle y me habéis preguntado el secreto de mi éxito en la vida en general y en Gizmodo en particular. Porque, para quien no lo sepa, quedé segundo en el concurso de periodismo de Gizmodo y gané un móvil chachiánido y me ofrecieron trabajo y les dije que no podía porque soy libre como el viento bailando con las crines de un caballo salvaje en una pradera inexplorada de una isla perdida en un océano ignoto.

Pues en absoluta primicia mundial paso a mostraros los dos artículos y la autoentrevista que encandiló a los jefazos gizmoderos y no les dejó otra opción que ofrecerme su dinero y sus mujeres como ofrenda.

Corky, el ratón meneíllos

Una vez al año, para el Greener Gadgets Design Competition, una serie de ascetas milenarios descienden de las montañas y, basándose en las votaciones on-line de un puñado de hippies y en las visiones provocadas por la ingestión de anacardos alucinógenos, eligen un concepto de gadget como paradigma de la tecnología verde y la sostenibilidad. Por desgracia, esto no significa que se preocupen por los avances en Sexobots ni en sujetadores efervescentes, y nos encontramos con dispositivos como Corky, el ratón de corcho.

Ignoro si el corcho utilizado para la carcasa exuda un aroma de Cabernet Sauvignon reserva del 2003, perdí el sentido del olfato durante mi gira con los Rolling Stones, pero desde luego sabe más a sudor de mano que a otra cosa. ¿Qué ofrece entonces este ratón más allá de su impresionante flotabilidad? Pues que es inalámbrico, el material con el que está fabricado es 100% reciclado y reciclable, y no necesita pilas.

Corky observa morbosamente asqueado los residuos de sus hermanos.

¿Que no necesita pilas? ¡BRUJERÍA!, gritaréis. Y yo os daré la razón, aunque su diseñadora asegure que Corky obtiene la energía al usarlo, ya sea por desplazamiento, por pulsar los botones o por jugar con la ruedecilla, gracias a elementos piezoeléctricos. Claro que sí, señora, lo que usted diga, pero todos sabemos la verdad: que su porosa superficie permite que Corky se alimente de nuestra aaaalma.

El teléfono rancio de Vodafone

Durante el Mobile World Congress de Barcelona se han podido ver piezas de tecnología que harían vomitar de rabia a la mismísima reina Borg: Motorola Milestone, LG Mini, Xperia X10, comerciales que parecían Terminators T-800… Pero llega Vodafone y nos da en la cara con sus modelos 150 y 250; y creedme, eso duele, porque parecen un ladrillo.

Con una excusa improvisada propia de proyecto de ciencias para el colegio que empiezas la noche antes y al final sale como sale, “es que están destinados a mercados emergentes y zonas rurales”, Vodafone presenta dos terminales con unas características más propias de enanos de jardín que de teléfonos móviles:

  • Pantalla monocromo 96x64
  • GSM 900/1800
  • Botones
  • Linterna
  • Agenda de 100 contactos
  • Vibración, alarma, calculadora
  • Permite llamar y que te llamen
  • SMS

La versión 250, más avanzada, presenta algunas mejoras, como pantalla a color 128x128 y radio FM, y ambos modelos comenzarán a comercializarse en el continente africano, Turquía y la India, a un precio de 11 y 15 euros.

Un redactor con mala uva podría cuestionarse la necesidad de teléfonos móviles para un habitante de un país subdesarrollado, que se preocupa más por sobrevivir que por enviar TONO REGETTON al 666, y para quien 11 euros significan un tesoro digno de un par de jeques árabes y los más altos cargos de Gizmodo. De hecho, podría proponer una mejora sencilla, aunque inapropiadamente no-lucrativa: teléfonos comestibles gratuitos. Por suerte, no hay ningún redactor de esas características cerca.


Presentación

Joe Perkins: Hola, Néstor, gracias por venir. Cuéntanos, ¿qué haces cuando no estás participando en concursos de periodismo con artículos llenos de odio gratuito?

Néstor: Gracias a ti, Joe, gracias a ti. Verás, estoy estudiando el segundo ciclo de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Barcelona…

JP: ¡Mucho mejor que el primero!

N: … y soy ingeniero técnico electrónico, aunque ahora no trabajo. Estuve trabajando en robótica pero lo dejé para estudiar otras cosas.

JP: Pues hay cantidad de cosas con electrónica dentro. Stephen Hawking por ejemplo. Dinos, ¿tienes blog? ¿Twitter? ¿Haces deporte? ¿Juegas al Scrabble?

N: Ahora no me apetece, soy más de HeroQuest. Tengo cuenta en todas las webs imaginables, pero no escribo nunca en Twitter, y el blog lo tengo bastante abandonado, aunque tampoco escribía nada parecido a Gizmodo.

JP: Ya veo, está lleno de cosas que no interesan a nadie, probablemente porque hablas de tu vida. ¿Y qué puedes aportar a Gizmodo? ¿Dónde te ves en cinco años? Si volvieses a nacer convertido en un animal, ¿cuál serías? Defínete con tres adverbios de modo.

N: Vaya, parece que has estado en unas cuantas entrevistas de trabajo de las buenas. Voy a reducir mi respuesta a que creo poder colaborar con posts medianamente divertidos, con pocas faltas de ortografía y una caligrafía excelente, nada de artículos redactados a boli en una servilleta. Me gusta escribir, y me he quedado a un paso de entrar a trabajar para Softonic, ¡de 1.500 solicitudes nos entrevistaron a 6! ¡Sólo 15 pasamos la prueba escrita!

JP: No debiste decirles que no usas nunca Softonic.

N: Es posible, eso me enseñará a cerrar la bocaza en el futuro.

JP: No, no lo hará. ¿Y qué disponibilidad tienes? ¿Tienes tan poca vida social que estás dispuesto a pasar las noches en vela escribiendo sobre pedazos de plástico con lucecitas que se encienden y se apagan, SE ENCIENDEN Y SE APAGAN?

NM: Podría incorporarme de inmediato, y tengo tan poca vida social que sólo tengo 40 amigos en Facebook.

JP: Eso es patético. ¿Quieres decir algo más? Hasta ahora no has soltado más que tonterías, ¿de verdad crees que te van a contratar?

N: Bueno, lo importante es que los artículos que escribo les gusten y que sepan que estoy disponible, ya se discutirán los detalles de mis enfermedades mentales luego.

JP: Eso habrá que verlo. Y es curioso que menciones las enfermedades mentales, porque, de hecho... TÚ Y YO SOMOS LA MISMA PERSONA

N: Pardiez.

Entrevista dirigida por M. Night Shyamalan.



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Antecendentes zombie I: Crema para pies

14.6.10 por , comentarios: 3

Navegando por la hipertelevisión a ritmo de hipermediación me he topado con uno de esos anuncios que pasan desapercibidos a todo aquel que no tenga un oído bien entrenado y un cerebro con facilidad para las dobles lecturas descabelladas. Si estas dos características que tengo son fruto de la genética, de la continua ingestión de sucedáneo industrial de chocolate o de que algo fue mal durante el electroencefalograma que me hicieron de pequeño es algo que no discutiremos ahora. Lo que sí discutiremos -y por discutir quiero decir que yo expondré y vosotros asentiréis y, quizá, murmuréis alguna oración en mi honor- es una serie de antecedentes a LO ZOMBI que iré presentando en una nueva serie irregular de entradas y que con el tiempo olvidaré por completo y crearé otra serie de entradas y esto será un puto cacao pero si alguien me pregunta diré que es culpa del universo entrópico que nos ha tocado vivir.

Bien, en el capítulo uno os traigo un producto que podría ser EL PRODUCTO en el que la química presenta un efecto imprevisto e incontrolable que da paso a una invasión zombie en toda regla, con las consiguientes escenas de canibalismo, de disparar al zombie que se parece a Burt Reynolds, de la niña que parece adorable en camisón en el pasillo pero que empieza a correr y te salta al cuello y tu amigo al que han mordido pero que todavía no es uno de ellos intercepta con un bate de baseball de aluminio y de escapar por los pelos en un barco para descubrir que te has olvidado la gaseosa en tierra. El producto en cuestión son los Apósitos Callicidas del Dr. Scholl.

El final de la humanidad tendrá forma de caja farmacéutica en tranquilizadores tonos azules.

¡Este hombre está loco! ¡Es un imbécil! ¡Se está quedando calvo! ¡Ha puesto una foto de una tarta con forma de zombie y no venía a cuento de nada! ¡Está diciendo sandeces! Gritarán algunos. Quizá muchos. Y tendrían toda la razón, pero no sé a qué cojones vendría ponerse a gritar eso si ya conocían el blog, no sé, igual deberían buscarse otra cosa que hacer, ¡me sobran lectores! Tengo tantos lectores que estoy pensando fundar una secta. En una isla, pondría estaciones subterráneas y si cayese un avión me dedicaría a confundir a los supervivientes con sucesos sin sentido y al final aparecería Waaaaaaalt subido a un oso polar y se los cargaría a todos con una ametralladora. Pero el caso es que mi teoría tiene sentido, o al menos tanto sentido como cualquier otra teoría de película zombiesca, y quizá más, porque la descripción del producto del Dr. Scholl reza:
Apósitos Callicidas. Eliminan eficazmente los callos.
Compuesto por dos elementos:
· Disco adhesivo con ácido salicílico, que penetra en las células endurecidas y las descompone.
· Apósito transarente de Gel polímero viscoelástico, que no se deforma y alivia inmediatamente el dolor y la presión ejercida sobre el callo.
Se adhiere de forma instantánea.
Ideales para llevar con zapatos abiertos o sandalias.
Penetra en las células endurecidas y las descompone. No es descabellado imaginar un escenario donde el apósito reacciona con, pongamos, el excesivo CO2 de la atmósfera -por aquello de colar protesta ecológica en una temática en la que en realidad lo que quieres es ver como alguien tritura a otras personas con un extractor de cocina- de forma que el efecto de descomposición se potencia y penetra más allá de las células endurecidas, descomponiendo el cuerpo por completo.

-No tan deprisa, Joe, ¿y cómo pasas de ahí a un ejército zombie? ¿Cómo se contagian unos a otros?
-Por el poder del Marketing.
-¿Y por qué querrían devorarse unos a otros?
-Todos queremos devorarnos los unos a los otros, y los dolores de pies son tan molestos que nos darían esa pizca de mala leche extra que marcaría la diferencia.
-Has ganado esta vez, Joe, vaaaya que sí.
-Y para acabar con ellos bastaría con dispararles al dedo gordo, o pisárselo con el coche, o con una prensa hidráulica. No sería muy espectacular, pero sí novedoso.
-Vale, vale, que sólo quería seguirte el rollo, tu idea me ha parecido una subnormalidad de épicas proporciones.
-Tú mismo, pero deberías prestar atención a los pies de la gente, particularmente ahora en verano, que llevan esas sandalias ridículas. Cualquiera de ellos puede ser el Paciente 0.


P.D: Como tarta es pie en inglés y es una tarta de zombie pues ahí lo tenéis. IN YOUR FACE.



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