Me encontraba reflexionando sobre los mitos de la historia, y por "reflexionando sobre los mitos de la historia" quiero decir "en el lavabo", cuando he tenido una visión. Por un lado tenemos el mítico personaje del arco y los leotardos, Robin Hood. No os contaré nada que no sepáis, roba a los ricos para dárselo a los pobres y de paso no trabajar, algo que no está nada mal. De hecho me identifico bastante con el personaje. Sobretodo con la parte de no trabajar. Se supone que está basado ligeramente en algún bandido real, que seguramente era un simple chorizo. Bien, el caso es que, según la leyenda, está esperando a que el rey, Ricardo Corazón de León, vuelva a casa. Todo esto perdido en el bosque con mogollón de bandidos, entre ellos uno célebre por su tamaño.
Ahora hablemos de Ricardito, el super-rey que ni siquiera hablaba bien inglés y que de diez años de reinado pasó sólo uno en Inglaterra. Un tipo que escribía poesía, canciones, tocaba la lira y llevaba tirabuzones en el pelo. Sí, amigos, ahí quería yo llegar, se sospecha que era gayer.
Y esta es la visión, la revelación. A Robin Hood le traía sin cuidado que el malo de turno hiciese de las suyas mientras el rey estaba fuera, él quería que volviese su monarca julandras. Una bella leyenda de repartimiento de riqueza convertida en una historia de amor y sodomía. No sé, ya no es lo mismo. Tú antes molabas, Robin.
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