Recuerdo hace unos meses, cuando los EEUU decidieron atacar Jamaica para apoderarse de sus reservas de jalea real y provocaron la ira del Rey-Vudú Jonsito J. Cargo. Recuerdo la cumbre de la ONU donde Jonsito lanzó su maldición y la consiguiente plaga de políticos zombie, que se extendió como la diarrea en una bañera, y que los medios llamaron la Doble Plaga -doble porque por una parte eran zombies y por otra porque, bueno, eran políticos-.
Poco después, una horda de muertos vivientes aparecía en el horizonte, gimiendo algo que muchos recordarían después como "BRAAAINS", pero que en gran parte era "VOOOOTES", lo que convertía la amenaza en doblemente terrorífica, se despertaban dos miedos ancestrales para el hombre:
- Miedo a ser devorado por otro ser vivo (o no vivo, en este caso).
- Miedo al político humillándose a cambio de votos, lo que significa una probabilidad de acabar sentado un domingo en una mesa electoral.
Bien, no os repetiré la historia de mi agónica lucha contra el enemigo Z, la construcción de mi catapulta de cuchillos explosivos o como al final, cuando todo parecía perdido y los zombies estaban a punto de coger mi cerebro y meterlo en una urna, apareció el enano de Twin Peaks y salvó la navidad a ritmo de ukelele counter-vodoo, lo que resultó un desenlace más previsible de lo deseado. Os he traido hasta aquí para que sepáis que había otro modo, que ese agresivo cactus con infancia difícil y mal carácter habría podido serme útil. ¡Os estoy hablando de Plants vs. Zombies!
Se trata de un juego de estrategia donde tú eres el protagonista. Siempre quise terminar una frase así. Los zombies se acercan para devorarte y tienes que defenderte, ¿cómo? ¿motosierras? ¿cañones gamma? ¿nappalm por la mañana? No. ¡Tu arsenal son las plantas que puedas poner en tu jardín! ¡La respuesta, ahora evidente, había estado ahí todo el tiempo! Desde hongos agresivos a catapultas de melón, Plants vs. Zombies ofrece un abanico de divertidas posibilidades tan amplio como sólo la madre naturaleza sabe hacerlo.La mecánica es sencilla: dispones de un número determinado de plantas y un contador de energía solar que tus amables girasoles van generando, y que puedes ir gastando para plantar tus defensas pasivo-agresivas. A partir de ahí, más te vale haber hecho una elección sabia de plantas y ser lo suficientemente hábil para plantarlas en un orden hermoso y mortífero, porque las hordas de zombies se sucederán con creciente agresividad y tronchantismo, pues tus adversarios gozan de una variedad que ya querrían para sí los paquetes de galletas maría: desde el entrañable zombie con cono en la cabeza hasta el zombie-jinete de zombie-delfín o el equipo zombie de bobsleigh.

La horda avanza en varios campos, ya sea tu jardín delantero, la piscina de tu patio trasero o, cuando la situación se vuelve desesperada, tu tejado. Avanzan de día y de noche, sin descanso, con el único objetivo de devorarte a ti y a los que tú más quieres, si eres lo suficientemente torpe como para dejar que te alcancen y lo suficientemente patético como para tener seres queridos.

Más allá de esto, que podría resultar aburrido a la larga, hay múltiples minijuegos y puzzles que se van mezclando con el modo historia, y que más adelante puedes jugar libre como un protozoo en un caldo de cultivo olvidado al sol, lo que convierte a Plants vs. Zombies en un más que entretenido y viciante videojuego que rebosa chorrineces y carne podrida a partes iguales, por lo que le doy cuatro tentáculos púrpura.
Si alguien quiere bajarlo, que se busque la puta vida, no os voy a poner las cosas tan fáciles, payasos.
