Títulos de crédito

24.5.09 por , comentarios: 2

He tenido una idea innovadora para el mundo de los títulos de crédito que, de momento, funciona con películas sobre prostitutas. La protagonista es prostituta. Asistimos a toooda una película sobre la miserable vida de la prostituta, que ha tenido que tragar litros de semen (o Semen'Up, como me gusta llamarlo), zoofilia acrobática, aguantar palizas, los reproches de su hijo de ocho años por no haber ido a su partido de baseball, las peleas con las demás prostitutas porque envidian sus hermosos ojos grises y sus cinco años de claqué, etc.

Total, que acaba, y pongamos que es Julia Roberts la prota, porque desde Pretty Woman no podemos pensar en ella haciendo otro papel. Yo no puedo, al menos, tengo esta tendencia a recordar a los actores en la cima de su carrera. Entonces aparecen los títulos de crédito del final y pone "Julia Roberts as... YOUR MOTHER". ¿Véis? Se hace partícipe al espectador de los títulos de crédito, deja de ser una ristra de nombres que no te importan y entran en tu vida. Pensad en ello. ¿Me merezco el premio Nobel a la innovación audiovisual por esto? Pues seguramente, pero no me lo llevaré porque la industria está en manos de burgueses cocainómanos. Y esa ha sido la frase de odio gratuito de hoy, gracias por venir.



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Ideas para un mundo mejor I

12.5.09 por , comentarios: 0

Iba camino del aeropuerto en una borrosa mañana de martes cuando algo perturbó mi autismo de conductor. "Bidets from heaven?" preguntaréis; pues no. Perplejo, me rasqué ambos ojos -lo que supone el doble riesgo de dejar de mirar a la carretera y soltar el volante, pero como diría Freddy Mercury "¿Quién quiere vivir para siempre? Yo con estos dientes, no."-, lo que supuso una disminución considerable en la borrosidad de la mañana, pero no la suficiente. De forma que lo que mis legañosos ojos me decían -más allá de las dudas inserte-aquí-el-nombre-de-algún-filósofo-icas sobre la subjetividad del mundo perceptible- tenía que ser cierto, un true booleano, un uno a cero, un tú pierdes, yo gano, paga o muere. "¿Qué era?", preguntaría el lector impaciente; "cierra la puta boca", respondería Joe Perkins. Porque lo que veían mis ojos eran unas señales luminosas de velocidad variable en la autopista, que marcaban ya no 80 ni 60 ni 40, no... bueno, sí, marcaban 40. Cuarenta en la autopista, colegui, nos mean y dicen que llueve.

Más allá de esta escatológica revelación, leída en alguna sabia pintada -y no me refiero a la Madre Teresa de Calcuta con sombra de ojos-, decidí que ya que tenía tiempo de sobras -pues iba en segunda por la autopista- para pensar alguna mejora trascendente para este mundo. Y se me ha ocurrido algo, vaaaya que sí, ya lo creo, amigo.

-¿Cómo dice?
-Usted a lo suyo.

La idea es que cada coche tenga implantado un sistema de radar, de forma que puedas medir la velocidad de otro vehículo y generar tú mismo una denuncia, llevándote una jugosa comisión, spanish police style. De esta forma, la recaudación sería inmensa, porque todos vemos a gente saltándose límites de velocidad y normas de circulación continuamente. Además, cada conductor conseguiría un ingreso extra, y no es descabellado suponer -y si lo es me da lo mismo- que hubiese gente que viviese de esto, recorriendo las calles a la caza de vándalos del volante, al más puro estilo Mad Max Inverso. ¿Por qué inverso? No lo sé, son las 10 de la mañana y he dormido 4 horas escasas.

Gracias a esta medida, con un poco de suerte el cabreo de la población alcanzaría cotas tan altas que la rebelión resultante derrumbaría los cimientos de la hedionda civilización que nos ha tocado aguantar.



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